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jueves, 26 de abril de 2018

José María Íñigo: maestro indiscutible de la radio y TV

José María Íñigo

       
                                                              
La reciente muerte de este gran profesional de los medios de comunicación ha conmocionado a los españoles, mucho de los cuales habían crecido viéndolo u oyéndolo en televisión o radio donde su figura era un icono, a pesar de llevar más de cincuenta años en las ondas y los cambios en las modas contínuas dejan en la cuneta a muchos grandes profesionales que son barridos por las oleadas de nuevos rostros, pero no siempre de similar talento.

Ïñigo ha tenido una muerte, a los 75 años, que muchos quisieran, pues murió mientras dormía. Llevaba dos años luchando contra el cáncer, pero su muerte no ha podido ser más plácida.

José María Íñigo, nació en  Bilbao, en 1942,  en una familia modesta, ya que su padre era obrero metalúrgico.  Desde muy joven comenzó a trabajar en Radio Bilbao. También colaboró con la prensa, como es La Gaceta del Norte y otros medios, pero se decantó por la radio porque sentía una fuerte predilección por las ondas.

Sin embargo, había intentado otras muchas cosas antes de decidirse por hacer carrera en las ondas radiofónicas. Toreó becerros, trabajó como domador de elefantes y, también, marchó a Londres donde trabajó tres años en años en varias emisoras de radio, entre las que se cuenta la BBC, y, al mismo tiempo, comenzaba a conocer los nuevos estilos musicales que  empezaban a  triunfar en todo el mundo.

Regresó a España a mediados de los 60, país en el que marcó un nuevo estilo, medio hippi, que desentonaba con el ambiente que lo rodeaba. Poseía unos conocimientos musicales espectaculares que llamaron la atención, por lo que se convirtió en uno de los llamados antes “pinchadicos”, y le hizo ser uno de los creadores del programa emblemático “Los 40 principales. Presentó espacios como El musiquero, o El Gran Musical.

Fue su éxito en la radio lo que le llevó hasta la televisión y sus inicios televisivos fueron relacionados con su gran afición a la música, como fueron los programas de TVE Último grito (1968-1969) para el que lo fichó el director de cine Pedro Ólea y, al año siguiente presentó otro programa que se hizo célebre Ritmo 70.

A pesar de dichos éxitos televisivos, el programa que lo lanzó a la fama y que es un verdadero hito en su carrera fue Estudio abierto que se inició en la 2 (la UHF), en 1970, y pasó después al canal 1 de RTVE en 1974, por la gran acogida que tenía entre los espectadores. Ese magacine de variedades, primero en nuestro país, incluía entrevistas en profundidad, actuaciones musicales en directo, debates, y un largo etcétera.

En esa década de los 70 también presentó programas que gozaron de fama y popularidad, como fueron DirectísimoEsta noche... fiesta , programa este último  en el que actuaron los cantantes más famosos de nuestro país y, también las más grandes figuras del panorama musical internacional,  lo que actualmente parecería imposible.

Después de finalizar el primer período de este programa, presentó otros, y se dedicó a una gran variedad de actividades:  fue disc jockey, participo en algunas películas, ya tenía alguna experiencia en ese medio desde su primera aparición en el film Un, dos tres, al escondite inglés, de Iván Zulueta, en 1970.  Volvió de nuevo a presentar Estudio Abierto, entre 1982 y 1985, época en la que no existían los ya usuales audímetros, podían ver el programa más de 20.000.000 de espectadores, lo cual no es extraño dado el éxito de Estudio Abierto y la ausencia de competencia de otras cadenas de televisión aún inexistentes, pues las primeras aparecieron en la década de los 90.

En dicho mítico programa, Íñigo entrevistaba a los invitados, siempre personajes conocidos dentro del mundo del espectáculo, el deporte, la literatura y el arte, con su sempiterno bigote que ocultaba muchas veces una sonrisa medio irónica y socarrona, y su escepticismo latente que no dejaba títere con cabeza.

Aunque Íñigo no fue una de las figuras televisivas pioneras en este medio, pues empezó a partir de los 60 en la que se llamaba como “la caja tonta”, denominación que le molestaba profundamente, si se le puede considerar uno de los grandes maestros del medio televisivo como lo fue Chicho Ibáñez Serrador, en su momento, o Valerio Lazarov, por decir algunos nombres de los muchos grandes profesionales televisivos.

 A Íñigo se le puede atribuir la modernización del concepto televisivo, creador de formatos novedosos que todavía se siguen utilizando porque no pasan de moda, a los que supo darle su propio y personal estilo que lo convirtió en una figura icónica, de la que uno de sus principales rasgos era su gran bigote que ha conservado hasta su muerte, aunque de menor tamaño. Fue su propia personalidad la que le llevó a triunfar y marcar un camino que han seguido muchos por su sagaz visión de la televisión y sus posibilidades, la que le ha llevado hasta ser considerado un verdadero maestro de ese mundo apasionante que es la televisión y que tiene tantos adeptos como detractores, pero que a nadie deja indiferente.

Sus últimos 17 años como profesional ha colaborado en el programa de RNE No es un día cualquiera; y, también, ha aparecido en programas televisivos Qué tiempo tan felíz, junto a María Teresa Campos, en Telecinco, en Hora Punta, de Cárdenas, en TVE, y Aquí en la tierra, de esa misma cadena.

Y, por si fuera todo esto poco, Íñigo fue la voz de Eurovisión desde 2011, cuando fue elegido sucesor de Uribarri, hasta 2017. Su vitalidad y curiosidad extrema lo llevaba a disfrutar de la vida, a seguir aprendiendo, Había publicado decenas de libros, la mayoría de temática musical y televisiva, sin olvidar la viajera, pues lo viajes era otra de sus aficiones, al igual que la gastronomía.

Hombre polifacético, autodidacta y gran estudioso e inquieto, ha dejado un gran recuerdo en los espectadores de la televisión y oyentes de la radio, pues supo aunar distracción, amenidad y rigor en sus presentaciones. Eso lo convierte en un maestro indiscutible de esos medios por su talento y buen hacer.

Descanse en paz.