Debates televisivos

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lunes, 6 de octubre de 2014

Mariló Montero: El chivo expiatorio de la incultura



            Hay un personaje televisivo que está siendo objeto de continuas críticas, comentarios malévolos y burlas en las redes sociales por sus equivocaciones cuando habla, presentando el programa de las mañanas que tiene en TVE "La mañana en la 1". Se trata de Mariló Montero, ex esposa de Carlos Herrera.
            No se trata ahora de negar que tales equivocaciones han existido, pero sí hay que afirmar que no es la única profesional de los medios que se equivoca al hablar, ni tampoco sus errores dialécticos son tan graves como para estar continuamente siendo objeto de comentarios críticos y burlones que convierten a las redes sociales en cañones estereofónicos que amplifican, aumentan y agravan esas simples equivocaciones que cometen todos los profesionales que se ponen ante una cámara o un micrófono, haciendo verdad ese dicho de que "el que tiene boca se equivoca".
            Cabe preguntarse por qué una profesional que lleva más de dos décadas ante los micrófonos y cámaras no ha sido nunca criticada de forma tan feroz por esos errores que todos los humanos cometemos al hablar, durante todo ese tiempo y sólo cuando se ha divorciado de Carlos Herrera ha comenzado la caza de los gazapos que comete, es decir, se ha abierto la veda, porque la alargada sombra de su ex marido ya no la protege de la malevolencia y las burlas de quienes parece que nunca deben cometer error alguno para ser tan sumamente críticos con algo que no pasa de ser pura anécdota y, en muchas ocasiones, divertida.
            No hay que olvidar que una famosísima presentadora de televisión cometió un plagio con un libro supuestamente escrito por ella -aunque fue su ex cuñado quien llevó a cabo el refrito de los textos de dos autoras famosas que formaban la obra "escrita" por la famosa presentadora-. Cuando se vio descubierta ni pidió perdón por el delito que había cometido al poner su nombre en una obra en la que no había escrito ni una  coma y que, además fue denunciada por plagio, aunque cobró una gran cantidad de millones de las antiguas pesetas por su "autoría" supuesta  y cara dura cierta.
            A pesar del escándalo, no sólo no perdió su puesto en televisión y su caché millonario, sino que nadie parece recordar lo sucedido y nunca ha sido objeto de burlas, críticas o comentarios, sino que todos parecen tener cuidado en no recordar esa página tan poco loable de su currículum profesional que ha caído en el olvido más absoluto.
            El hecho de confundir (D.E.P.) con INRI -que significa "Jesús de Nazareth, Rey de los Judíos" y sólo aparece en los crucifijos, pero nunca en las lápidas-, cuando dijo que se ponían una de las dos en una lápida, confundiendo la firma de una carta dedicada a Asunta Basterra, la niña asesinada supuestamente por sus padres adoptivos en Oviedo y que era firmada con las siglas (Q.E.D.), afirmando que significaban "que en paz descanse", aunque se dio cuenta enseguida del error y pidió perdón. El hecho en sí podría tener alguna importancia si la persona está convencida de lo que ha dicho y no se da cuenta a posteriori de que se ha equivocado por la tensión del directo o un simple despiste al hablar, como todos sufrimos a diario.
            Ella misma ha dicho que le gustaría saber por qué es "trending topic" en las redes sociales, animando así más aún al gallinero nacional para que sigan los comentarios sobre sus errores y gazapos en un país de personas tan cultas y doctas de lo que sirve de ejemplo los mensajes sms, correos electrónicos y spots en las redes sociales y demás medios de comunicación que son una auténtica colección de disparates, errores, faltas garrafales de ortografía e incultura manifiesta.
            No conozco personalmente a Mariló Montero ni tengo ningún interés personal para salir en su defensa. Sus errores son tales, unos más de los muchos que cometen tanto los que están delante de una cámara o micrófono y, peor aún, escriben en los periódicos, repitiendo palabras como "ucranios" en vez de "ucranianos", por poner un ejemplo, sin que ningún jefe de redacción corrija tal disparate; cuando no errores sintácticos garrafales y continuos gazapos que en un lenguaje escrito son menos disculpable que en el lenguaje hablado, porque se pueden corregir antes de ser publicado el texto.
            Mariló Montero es una buena profesional que comete errores al hablar que pueden parecer garrafales e imperdonables en alguien que está delante de una cámara; pero quienes la critican y hacen burla de sus equivocaciones deberían primero leer sus propios escritos, mensajes y post en las redes sociales, y también de sus amistades, y anotar cuántos errores increíbles en personas medianamente cultas, supuestamente, barbaridades, faltas y demás gazapos y, si no encuentran ninguna, entonces podrán criticar los errores cometidos por alguien que está delante de una cámara y habla improvisando, con la tensión, la premura y el nerviosismo que ello conlleva.
            Quizás así serían menos duros al juzgarla y más comprensivos, porque Mariló Montero no es más que el chivo expiatorio de una sociedad que desprecia a la verdadera cultura, la que sólo se consigue leyendo mucho, reflexionando y buscando la información, el conocimiento en las fuentes auténticas e insustituibles como son los libros, el arte, y en todas las áreas del conocimiento, pero no en las redes sociales donde no hay un solo post que resista el más ligero análisis sin encontrar continuos errores gramaticales y sintácticos que hace sonrojar a cualquiera que sepa de verdad escribir y expresarse oralmente y no sea un analfabeto funcional como son muchos de quienes critican los errores ajenos, como son los cometido por Mariló Montero.
            La aludida no debería tener interés en saber por qué es "trending topic" en las redes sociales, ya que es un fenómeno normal en estos medios de comunicación generalizados. Es más fácil, reírse, mofarse y criticar los errores cometidos por los demás que hacerlo de uno mismo. Ello significaría un trabajo de autocrítica que no está al alcance de cualquiera, desde luego no de quienes se burlan de las faltas y errores ajenos para no tener que aceptar las suyas propias, porque en ellos se ven reflejados.
            TVE debería agradecer la publicidad gratuita y eficaz que Mariló Montero con sus despiste le está dando al programa, porque no hay mejor señuelo para atraer al público que el morbo que representa el hecho de poder ver a quien está delante de la cámara cometiendo un error, un gazapo, que va a ser la comidilla general y la diversión en las redes sociales para quienes no tienen tiempo para leer (ni ganas) y se pasan horas ante el ordenador, escribiendo y dando muestra de su gran incultura de forma escrita, mientras se ríen de la ignorancia ajena. La verdadera cultura siempre es respetuosa con la ignorancia, los despiste o los simples errores humanos, a los que comprende, disculpa y no hace mención de ello para humillar a quien ha errado.
           
      

miércoles, 19 de febrero de 2014

Televisión a la carta, una opción en auge

Ana Alejandre 

            
             
Las múltiples programaciones que ofrecen la gran cantidad de cadenas televisivas que existen en la actualidad, tanto nacionales, autonómicas, locales como  privadas, hace que la oferta televisiva sea múltiple, variada, incluso excesiva, por lo que el espectador se encuentra muchas veces perdido entre tal cantidad de películas, series, informativos, concursos, reality-show, programas del corazón, debates y un largo etcétera que ofrece a cualquier hora del día y de la noche todo tipo de posibilidades entre las que el espectador tiene que elegir alguno de dichos programas, pero teniendo siempre la sensación de que, al elegir cualquiera de ellos, se pierde otros que le interesan igual que el elegido, pero que no puede ver al mismo tiempo y sólo le cabe la posibilidad de grabarlo en video para después visionarlo.

            Además, el espectador muchas veces hace zapping entre el maremágnum de programas, pensando que, a pesar de la abundante oferta, no encuentra aquello que le gustaría ver, aunque no sepa exactamente qué podría despertar su interés, ya que las diferentes cadenas de televisión parecen ponerse de acuerdo para ofrecer en la misma franja de horario una oferta televisiva similar. Es decir, casi todos los informativos se dan a la misma hora en múltiples cadenas; así como los concursos, las películas, los programas del corazón (ya en franca decadencia), etc., etc. Es como si las cadenas compitieran entre sí a la hora de ofrecer su contenido televisivo en una continua oferta similar para así arrebatar a la cadena competidora la posible audiencia que ésta podría tener con su contenido a la misma hora.
            Internet ha revolucionado también el mundo de la televisión y sus tendencias, porque ahora cualquier espectador que tenga conexión con internet y conectado un ordenador al televisor, o cualquier otro dispositivo multimedia como son los móviles, las tabletas, etc., puede elegir en la web de la cadena televisiva preferida aquellos programas que ofrecen de cualquier tipo y fecha de emisión y verlo en el momento que quiere y no cuando la programación de la cadena impone.
            En modelo de televisión a la carta está ganando terreno en países como EE.UU. en los que hay una mayor oferta de contenidos con este nuevo sistema, aunque la televisión tradicional, con la programación fijada por cada cadena, es aún el modelo televisivo más consumido, según un estudio publicado por Nielsen.
            En EE.UU., precisamente, se advierte que en 2013 el consumo de oferta talevisiva a la carta aumentó casi dos horas, hasta llegar a las 13 horas mensuales dedicadas a ver programas ofrecidos a la carta por las diferentes cadenas. Dicho aumento trajo consigo que las horas dedicadas a ver la televisión tradicional con horario prefijado por las distintas cadenas, bajó 3 horas por espectador y mes, aunque sigue siendo el modelo televisivo más consumido como se dice anteriormente y que ofrece una  cifra de 134 horas por espectador y mes.
            El aumento progresivo de horas dedicadas a ver la televisión a la carta tiene otro elemento añadido como es el aumento de dispositivos digitales en cada hogar, ya que según el estudio realizado por la consultora Nielsen un alto porcentaje de hogares estadounidenses poseen televisiones de alta definición, ordenadores conectados a internet y/o teléfonos con altas prestaciones. A eso hay que sumar que la mitad de los hogares poseen consolas de video con sistemas de grabación.
            Toda esta nueva tecnología ofrece múltiples posibilidades que han cambiado las costumbres sociales, porque el televisor ya no es la única posibilidad de ver contenidos televisivos, ya que un 84% de propietarios de "smartphones" o tabletas utilizan dichos dispositivos como pantallas alternativas mientras ven la televisión para enviar videos, comentar los programas en redes sociales, etc.
            Otro informe, esta vez realizado por Deloitte, asegura que a finales del presente año más de 50 millones de hogares en todo el mundo, contarán con suscripciones a una o dos plataformas de televisión de pago, es decir, a la carta. A eso habrá que sumar otros 10 millones de hogares que también dispondrán de televisión "premium" como añadido a otros servicios como puede ser la conexión a internet, especialmente a través de la fibra óptica.
            Es decir, la televisión a la carta es una posibilidad de que el espectador pueda ejercer su criterio a la hora de elegir qué programa ver, cuándo, y cuántas veces, sin tener que utilizar sistemas de grabación, ni tampoco perder programa alguno por ignorancia de que se ha emitido en una determinada cadena en un día concreto, dándole así este nuevo sistema una libertad de elección antes inexistente y también algo que es especialmente interesante: cla de poder ejercer su criterio, su libertad de elección y, en definitiva, se sentirá cada vez más libre de sujeción a los horarios y programaciones prefijadas.
            Todo ello se irá produciendo a medida de que se vaya extendiendo este servicio de televisión a la carta con mayor número de ofertas y contenidos, que permitirá al espectador poder ver aquello que, en realidad, le interesa y gusta, sin someterse a la tiranía de unos programas y horarios televisivos prefijados, lo que también redundará en beneficio de la calidad de los programas que tendrán así que ir depurando aquellos  programas menos vistos, porque las cadenas tendrán un medio seguro de control de audiencia en cada momento, lo mismo que tiene cualquier publicación en internet sobre el número de visitantes y preferencias de éstos sobre el contenido que ofrece.