Debates televisivos

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miércoles, 5 de octubre de 2011

Redes, un programa de televisión imprescindible.

Redes


Si hay un programa que merece todas las alabanzas es el de Redes, presentado por Eduardo Punset, periodista que está especializado en temas científicos y que nos ofrecen, en múltiples horarios, la Primera y Segunda Cadena de TVE, después de innumerables  cambios de horarios como si buscara alguno que fuera el más apropiado para los espectadores. En la actualidad, se puede ver en diferentes horarios de esas dos cadenas, para facilitar a los telespectadores la posibilidad de verlos, adaptándose a cualquier compatibilidad de horario.
Los temas que presenta son todos de interés general y cuenta para ello con la colaboración de los más reputados científicos de diversas disciplinas del momento (algunos Premios Nobel incluidos) que van dando las explicaciones pertinentes a sus diversas áreas de conocimiento con la claridad expositiva de todo buen conocedor de lo que habla y utilizando para ello la sencillez en el lenguaje de quien está acostumbrado a dar clases frente a un alumnado atento e interesado por lo que explican.quienes están considerados como los mayores expertos, a escala mundial,  en cada parcela del saber.
Este programa debería ser de interés general para todo los espectadores con una mínima sensibilidad y cultura media, porque la amenidad con la que están narrados los diversos temas, las muchas y completas explicaciones, datos y referencias que da el especialista de turno, siempre se hacen en un tono y lenguaje apropiado para legos en la materia y no para especialistas igualmente conocedores de ella. Es decir, el ciudadano medio puede entender a la perfección sin mayores problemas, las increíbles experiencias científicas, las hipótesis de trabajos, las conclusiones a las que llega la ciencia actual y los muchos y variados ejemplos que hacen de Redes un programa ameno, instructivo, interesantísimo y apropiado para todos los públicos que estén interesados en saber un poco más de los últimos descubrimientos científicos en las áreas de la medicina, neurología, química y física, matemáticas, astronomía, psicología, sociología, economía y biología, lo que pone de manifiesto la gran variedad de temas, de asuntos tratados con rigor, amenidad y claridad que son presentados por Punset, quien va realizando aquellas preguntas que cualquier espectador medio y sin mayores conocimientos científicos podría hacerle al entrevistado en cada ocasión, quien contesta siempre con verdadera  naturalidad y  amenidad, poniéndose en el lugar de quienes verán el programa. Sin embargo, esta claridad y sencillez no es obstáculo a que cada entrevistado facilite una ingente cantidad de datos e información, en una conversación de casi una hora que deja al espectador completamente estupefacto ante la avalancha de datos que recibe de los temas más profundos de la ciencia y que le son facilitados con toda claridad y sin tener que utilizar el lenguaje ininteligible para los legos, propio de cada una de dichas disciplinas científicas y que utilizan entre colegas, pero que obvian cuando hablan para Redes.
Este programa, por tanto, es uno de los mejores que se han ofrecido en la televisión desde que ésta se puede ver en España desde la década de los cincuenta y que, sin embargo, a muchos posibles espectadores les puede parece, por su temática, propio de científicos y temen aburrirse si lo vieran, cuando es una aventura fascinante, en un viaje virtual  al mundo siempre desconocido de la ciencia ,y que nos ofrece cada semana, desde la comodidad del sillón de nuestra casa, los mejores científicos del momento que hablan de todo y para todos, pero siempre desde la sencillez, la claridad y la amenidad, haciéndolo, por ello, un programa que todo aquel que desee estar informado de lo que somos y adónde vamos debería ver, sin duda alguna, porque la experiencia no le defraudará.
Redes es, desde luego, el símil que nos atrapa en sus redes por la fascinación y el interés que despierta en todo aquel que tiene el placer de verlo y oírlo.
Para una mayor información de horarios y cadena,  así como ver programas anteriores on line, se puede consultar la página oficial del programa en el siguiente vínculo: http://www.rtve.es/television/redes/
Quien lo prueba repite, porque pocos programas así  y de semejante calidad se tiene la suerte de ver en cadenas públicas o privadas en esta época en la que la televisión basura se ha convertido en el referente estético e ideológico de una sociedad que está en bancarrota moral y económica.

jueves, 5 de mayo de 2011

Mercado de vidas humanas

Mercado de vidas humanas


            Cualquier programa de televisión, aunque también se da en la radio pero en menor medida, ofrece continuamente la imagen de esos seres desgarrados y excéntricos -como el título de un excelente libro de Juan Manuel de Prada hablando de otras cuestiones más literarias y menos indignas-, que venden su intimidad, su dolor, su tragedia, a veces, o su simple impudicia, para narrar con todo lujo de detalles sus intimidades, sus vergüenzas, sus procacidades, en muchas ocasiones, en una demostración evidente de su propia y absoluta falta de respeto por sí mismos y la carencia de autocrítica que le impediría, en caso de tenerlos, recurrir a esos medios para contar por unos cuantos euros lo que sólo debería permanecer en su más estricta intimidad.

             Lo más indignante de todo esto y lo que produce mayor vergüenza a cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad y decencia, no es la narración detallada y minuciosa de los hechos, todos ellos de tipo sexual en la mayoría de los casos y que rayan en la mera pornografía en ocasiones -y que,  de forma involuntaria del narrador de sus miserias, muestran implícitamente la tragedia que se esconde detrás de esos seres que han perdido su propia dignidad, si alguna vez la tuvieron, y se prestan, por una mayor o menor suma de dinero, a mostrarse en público en toda su desnudez-, lo peor de todo y lo más vergonzoso es ver las burlas, escarnio, humillaciones e insultos que los tertulianos casposos, más o menos titulados en Periodismo, los menos; pero con poca vergüenza todos ellos, les dirigen a quienes se sientan en un sillón de esos programas-basura. Este calificativo de tales espacios televisivo les es apropiado  porque son, simplemente, el reflejo de una sociedad enmierdada que busca solazarse con esos programas convertidos en auténticos escenarios en los que la vileza, la indignidad y el más absoluto desprecio hacia el ser humano se ve en todas sus gradaciones; pero se hace más evidente en quienes entrevistan que en quienes se prestan a ser humillados y envilecidos, por necesidad económica o por simple vanidad para salir en la televisión y hacerse así conocido/a, aunque tenga que pagar un precio demasiado alto por ello, a pesar de ser quien cobra.
El evidente complejo de superioridad imaginario de los que cobran por ser "comentaristas" en programas semejantes y que están en la memoria de todos, les hace tratar a los entrevistados —aunque la calificación que deberían tener es de "linchados", al menos moralmente-, se manifiesta en el absoluto desprecio, injurias, maltrato psicológico, descalificaciones e insultos, por saberse seguros de que están en "su programa", y que tienen detrás la cadena y la productora de televisión que les pagan y les cubren las espaldas. Esa seguridad les hace sacar lo peor de sí mismos, y convertir al pobre desgraciado que va a contar sus experiencias, amores y desamores, con tal o cual famoso/a, en meros muñecos de feria a los que poder disparar, sea mujer u hombre, aunque especialmente se ensañan con las mujeres, sin el menor respeto y con la mayor indignidad. Todos los que se sienten superiores moral o intelectualmente como para juzgar a los que van de víctimas propiciatorias, se olvidan de que, si los invitados van a vender su mierda existencial, ellos comen de la misma y, por lo tanto, son coprófagos, lo que no es insulto, sino una calificación adecuada al caso.
Muchas veces dan pena los linchados televisivamente al ver el trato que reciben por parte de quienes no son mejores que ellos, moralmente hablando, si es que hubiera que hacer una valoración de cada uno de los implicados en dichos programas. Y si hay alguna cadena que se especializa en estos linchamientos públicos, llamados programas del corazón, es Tele 5, y así le va de audiencia, sobre todo en programas como Sálvame, Enemigos íntimos y, anteriormente, Aquí hay tomate, Salsa rosa, etc,. que baten todos los récords de audiencia. Esto es muy preocupante, porque demuestra que el ser humano, en su gran mayoría, es decir el conjunto de espectadores fans de tales engendros necesita ver cómo se machaca a alguien públicamente para sentirse mejor dentro de su propia piel y así compensar sus propias frustraciones y complejos.
Por la descompensación entre el número de los atacantes y el de atacados, que suele ser sólo uno, y la sensación de indefensión, soledad, desconocimiento del medio y de autoestima del entrevistado -que de tenerla le obligaría a levantarse del sillón y marcharse, pero sin posterior retorno, como única vía de defensa y de dignidad, es repugnante ver a esa jauría de impresentables que viven de las miserias ajenas —y entre los que se cuentan los directivos de las propias cadenas y de las productoras-, despedazando psicológicamente a quien se les pone a tiro, lo que dan ganas a cualquier espectador ocasional que asiste estupefacto a tal espectáculo bochornoso, a convertir el mando a distancia en un arma de rayos láser y pulverizar a ese corro de indeseables y cobardes que dirigen toda su mala baba, toda su propia rabia y cobardía de mercenarios de la telebasura, contra una presa tan fácil que, por haber vendido su intimidad escabrosa, cierta o falsa, se ve convertida en un muñeco de trapo al que todos apalean, cobarde y vilmente.
Esto no es una defensa de quienes van a contar sus miserias y sus intimidades a cambio de dinero, aunque detrás de muchos de ellos se esconden verdaderas tragedias que son las que no cuentan, precisamente. Es una reflexión sobre este fenómeno social, porque detrás de esas vidas rotas, en la mayoría de ocasiones, que venden lo más preciado que tiene cada persona que es la propia intimidad, bien por una necesidad apremiante, en algunos casos, porque no tienen nada más que vender, o incluso por simple vanidad y deseo ser protagonista por un día de sus vidas de las que se sienten muchas veces ajenos y extraños, no les da derecho a quienes les hacen las preguntas a convertirlos en auténticos monigotes de los que burlarse y a los que humillar y vejar públicamente, en un escarnio feroz que demuestra la catadura moral de los juzgadores, de sus patrocinadores y hasta del público que se divierte con semejante linchamiento.
El problema radica en que, con la excusa de que ha vendido sus miserias, se considere que en el precio pagado por ello, siempre mísero si la persona no es conocida o poderosa, está incluido el salvoconducto de quienes no son mejores que la víctima del linchamiento y la única diferencia que existe es que son más, actúan en grupo, con prepotencia y ensañamiento, sabiendo que mientras más se le falte el respeto debido a todo ser humano por el simple hecho de serlo, más subirá la audiencia, el caché de los que actúan de verdugos y, por lo tanto, les servirá para que la cadena de televisión y la productora consiguiente sigan contando con los servicios de quien demuestre mayor ferocidad en el ataque, más desvergüenza en la provocación y más dureza en el insulto.


El verdadero mal no está tanto en quien se presta a mostrar su intimidad, o parte de ella, públicamente, lo que puede ser reprobable, sino en quienes pagan a los matarifes para que hagan su sucio trabajo que son los mismos que le pagan a la víctima del linchamiento público para que cuente sus historias. Y, sobre todo, el mal está en una sociedad vacía de valores, en perpetua crisis, que necesita cada vez más aumentar la dosis de adrenalina, de olor a sangre fresca, aunque sea virtual, y necesita contemplar un nuevo episodio de acoso y derribo del más débil, ignorante, vulnerable y torpe, porque en esas escena de violencia psicológica, de humillación, llantos y vergüenza, sobre todo si son mujeres, esos mismos espectadores sacian su sed de venganza de sus propios fracasos; de compensación de sus frustraciones y de comparación ventajosa de sus propios complejos.

La sociedad es el problema de la que los demás actores son una parte visible, la punta del iceberg que asoma por encima del agua. Lo que no se ve, lo que está oculto en el fondo de esta sociedad, es lo verdaderamente peligroso, enfermo, sucio y patológico; y no es otra cosa que la propia naturaleza del ser humano que, ahora más que nunca, tiene armas para agredir, maltratar y humillar a sus semejantes de forma limpia, cómoda y segura, pero usadas por manos ajenas, en un espectáculo televisado y visto desde la comodidad de cada hogar, desde el que millones de ojos de ciudadanos normales, honrados y pacíficos, contemplan entusiasmados la masacre incruenta de una víctima más de los imperativos de la audiencia, mientras mastican divertidos el último trozo de cena sin que se les indigeste o les de ganas de vomitar ante tanta inmundicia, quizás porque todo es igual a todo y goza de la misma y nauseabunda naturaleza.